lunes, 26 de octubre de 2015

Invierno entre mitos.




Distraído, como un niño observo curioso en la noche. Aquí. Salido de mi silencio en el silencio de mi hogar. Dolor que muy grato abandono, designio que olvido por el cálido frío. . . Ahora, Cervero se encontrara algo solo, amigo fiel, siempre fiel, el guarda hace de mi hogar un hogar mientras resido en él.
Siempre me llevo Cuervo, apoyo, gran amigo con el que me susurro las banalidades de mi vida, para la que siempre tiene palabras. Hoy despreocupado le aconsejo mientras charlamos sobre hombres, diosas y niños. Es mi salvaguarda, y aquel que le comunica de mi ha Cervero, para que sepa cómo está su viejo amigo.


Despertado por una sonrisa pude ver a la joven Brisa Gélida, siempre una gran noticia el verla, es como respirar de nuevo al regreso de un hijo, con la que siempre puedes contar. Ella era una musa, soberana de los copos, del agua echa cristal y las magias de estas épocas.


- Querida, una vez más, gracias por siempre jamás.


- Como cada año un placer, ahora despólvate las barbas y no hagas esperar.


Guiado por ella, su brisa, decorada de tallos y pétalos de las pocas flores que brotaban me indicaba el camino, me llevaban tan fresco como tranquilo al andar de mis pies nerviosos. Me distraía en el paisaje escogido, acompañados por un riachuelo ya helándose en su totalidad, pero se hace el final, el lugar se situaba a orillas de un lago mágicamente cálido, detalles que mi memoria no dejaría escapar. Al poco, un sendero se hizo de piedras, que terminaban en un árbol que ponía "hogar". De última sorpresa, en la puerta una monda marchita de granada, que si bien conservada, lo que en ella escrita me lleno de felicidad.


"Necesito más, quiero más y si no puede ser. . . vuélveme a secuestrar".



Perséfone & Hades. 

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